Esta semana tuvimos la oportunidad de dar un W𝘰𝘳𝘬𝘴𝘩𝘰𝑝 dentro de una de nuestras empresas colaboradoras sobre 𝗽𝗼𝘀𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝘁𝗿𝗮𝗯𝗮𝗷𝗼.

Contrariamente a lo que la mayoría estaba esperando, 𝗻𝗼 𝗵𝗮𝗯𝗹𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗲𝘁𝗮𝘀 𝗺𝗮́𝗴𝗶𝗰𝗮𝘀, 𝗮́𝗻𝗴𝘂𝗹𝗼𝘀 𝗲𝘅𝗮𝗰𝘁𝗼𝘀 𝘆 𝗲𝘀𝘁𝗮́𝘁𝗶𝗰𝗼𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗰𝗼𝗹𝗼𝗰𝗮𝗿 𝗹𝗮 𝘀𝗶𝗹𝗹𝗮 𝘆 𝗲𝗹 𝗼𝗿𝗱𝗲𝗻𝗮𝗱𝗼𝗿. Lo cual es súper importante, pero no es suficiente.

Resulta que, durante la jornada laboral, no estamos quietos durante 8h (¡o al menos, no es lo que fomentamos!) por lo que, hay algo más de nuestra postura que deberíamos cuidar.

Nuestros fisioterapeutas hablaron sobre 𝗽𝗼𝘀𝘁𝘂𝗿𝗮 𝘆 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀, y la postura corporal que adopta cada cargo. Cómo 𝘭𝘢𝘴 𝘦𝘮𝘰𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘢𝘧𝘦𝘤𝘵𝘢𝘯 𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝑝𝘰𝘴𝘵𝘶𝘳𝘢, y como podemos, de forma inversa, a través de nuestra postura gestionar nuestras emociones.

Resulta que, esto abrió un abanico de temas y consultas, nuestros usuarios entraron en otra dimensión al poder repensar su postura y pudieron vivir dentro de su cuerpo finalmente, tuvieron la oportunidad de auto observarse, y replantearse sus actitudes posturales en los distintos momentos de su vida.

𝗔𝗹 𝗶𝗴𝘂𝗮𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗽𝗲𝗻𝘀𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀, 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮 𝗽𝗼𝘀𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗮, y es que, cuerpo y mente no se pueden separar.

Si el objetivo es humanizar los puestos de trabajo, consideremos al humano que tenemos delante, y especialmente, al humano que llevamos dentro.

Te invito a que pares 5 minutos (𝘀𝗶, 𝗮𝘀í 𝗱𝗲 𝗽𝗼𝗰𝗼 𝘆 𝗮𝘀í 𝗱𝗲 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗼), coloca una alarma para ser objetivo. Cierra los ojos y 𝘵𝘳𝘢𝘵𝘢 𝘥𝘦 𝘰𝘣𝘴𝘦𝘳𝘷𝘢𝘳 𝘵𝘶 𝘤𝘶𝘦𝘳𝑝𝘰. ¿Te duele? ¿Te tira? ¿Te incomoda? ¿Cómo es cuando estás feliz y con personas que amas? ¿Cómo es cuando estas enfadado, y estresado o con prisas?

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